REALIZACIÓN DE LA VESTIMENTA DEL PUEBLO SALASAKA
Las manos de
Francisca Caizabanda parece que nunca se cansan. Con una extraña pero
maravillosa habilidad, sus dedos se mueven para obtener de un madejo de lana de
borrego, delgados hilos que servirán para elaborar uno de los productos más
finos de nuestra serranía ecuatoriana: La artesanía Salasaca.
Como ella, más de un centenar de mujeres de esta parroquia indígena en Pelileo, se dedica al hilado con el que luego confeccionan, sea en telares manuales o artesanales, una infinita variedad de tejidos que van desde abrigos hasta alfombras de variados diseños y tamaños con vistoso colorido.
"Es una tradición de muchos años, antes trabajábamos la lana hilando a mano pero ahora tenemos telares grandes para tejer tapices", comenta Francisca sin dejar de mover sus manos, mientras permanece sentada y casi sin alzar la mirada.
Lo que afirma no está alejado de la realidad: a 20 minutos de camino por la vía Ambato-Baños y antes de llegar a Pelileo, más de 50 puestos y decenas de almacenes situados a pocos pasos de la plaza central están a la vista del visitante quienes pueden adquirir tejidos, artesanías en madera, instrumentos musicales, collares, pulseras u otros accesorios elaborados por los salasacas.
Pero desde hace más de una década, este sitio que podría ser un atractivo turístico y comercial, paradójicamente carece de una difusión adecuada y aquello provoca que las nuevas generaciones abandonen poco a poco sus tradiciones y busquen en otras ciudades y provincias nuevas fuentes de ingresos económicos.
Escaso incentivo y difusión
"Ahora el negocio es algo bueno porque la temporada alta es en los meses de julio y agosto en que viaja más gente, pero después baja todo de nuevo", asegura Patricio Anancoya, uno de los artesanos que prefirió hablar a nombre de sus compañeros.
No oculta su desazón cuando se refiere a las escuálidas ganancias que logran. "En una buena semana obtenemos 20 dólares, pero si la semana es mala no obtenemos nada, pasan días que pasamos exhibiendo al viento", indica.
Y cuando esto ocurre los varones de la comunidad, especialmente los jóvenes, emigran a Ambato o ciudades cercanas para trabajar como jornaleros o en la agricultura.
La escasa difusión nacional acerca de los Salasacas y lo que pueden ofrecer es evidente, pese a que la parroquia se encuentra en medio de Ambato y Baños, semanalmente son pocos carros con turistas -más por curiosidad que por previa información- que se detienen a observar y tal vez adquirir alguna prenda o artesanía.
Mientras Patricio Anancoya recorre los puestos de venta insiste en que necesitan un mayor promoción de las autoridades. "Todavía no estamos registrados en algún inventario turístico o en internet. Sólo los que se van a Baños pasan por aquí un rato".
A esto, agrega, se suma el efecto que les produjo la dolarización que derivó en la desmesurada elevación de costos y abarató los precios de los productos.
Lejos de desanimarse, Anancoya toma un fuerte aliento y asegura que aunque pocos, todavía existen Salasacas que harán lo que esté a su alcance para que esta tradición de pueblo artesano no desparezca.
Un ejemplo de aquello, manifiesta, son las mujeres que donde quiera que estén siempre se las verá hilando y a los hombres en los talleres confeccionando los tejidos.
Proceso de elaboración
Con la llegada hace algunas década, de los telares no sólo elaboran ponchos, baetas y bufandas de lana. También confeccionan sacos, bolsos, mochilas, tapices, cintos, entre otras artesanías a base de la lana del borrego
Esta actividad que se remonta desde tiempos precoloniales se inicia con la necesidad de los salasacas de buscar vestimentas con materiales que sean más adecuados para mitigar el frío.
Para confeccionar un poncho, primero se hila a mano, luego se pone a secar la lana y después se la tintura con varios colores. De allí los hilos con diferentes colores pasan al telar para formar la gran tela, de donde se cortará en partes y finalmente se confeccionará la prenda deseada.
En un tapiz grande el artesano salasaca se puede demorar un día entero o dos; para determinados acabados usan la máquina de coser y crochets.
ENTRESACADOS
Productivos
* La tintura para los tejidos se obtiene de ciertas plantas que crecen en los páramos.
* De la llamada cochinilla extraen el color rojo, del culquis, obtienen el verde, y del pumamaqui y quillosisa se logra el color amarillo.
* Para quienes quieren alguna prenda o tejido más barato, pueden adquirir las que han sido tinturadas con anilina.
* El salasaca se caracteriza por su indumentaria blanca (camisas, pantalón y sombrero), poncho negro y faja bordada a mano.
* En la mujer la vestimenta está compuesta por una blusa de algodón bordada a mano, faja, anaco negro y sandalias tejidas.
Un pueblo con raíces incas
Las raíces de los salascs se remontan a los tiempos del incario. Durante el periodo de Desarrollo Regional entre los años 1500 AC a 1500 DC, la gran confederación Puruhá resistió de manera frontal la invasión y conquista inca.
Para aplacar el carácter guerrero del pueblo puruhá, los incas trajeron desde los altiplanos del Alto Perú (hoy Bolivia), un grupo de aborígenes mitimaes, que eran muy leales a sus gobernantes.
Este pueblo mitimae son los llamados salasacas que hasta los actuales tiempos se mantienen con su propia idiosincracia, costumbres, características, tradiciones y lengua. Su identidad autóctona se mantiene vigente con su singular manifestación étnica.
Como ella, más de un centenar de mujeres de esta parroquia indígena en Pelileo, se dedica al hilado con el que luego confeccionan, sea en telares manuales o artesanales, una infinita variedad de tejidos que van desde abrigos hasta alfombras de variados diseños y tamaños con vistoso colorido.
"Es una tradición de muchos años, antes trabajábamos la lana hilando a mano pero ahora tenemos telares grandes para tejer tapices", comenta Francisca sin dejar de mover sus manos, mientras permanece sentada y casi sin alzar la mirada.
Lo que afirma no está alejado de la realidad: a 20 minutos de camino por la vía Ambato-Baños y antes de llegar a Pelileo, más de 50 puestos y decenas de almacenes situados a pocos pasos de la plaza central están a la vista del visitante quienes pueden adquirir tejidos, artesanías en madera, instrumentos musicales, collares, pulseras u otros accesorios elaborados por los salasacas.
Pero desde hace más de una década, este sitio que podría ser un atractivo turístico y comercial, paradójicamente carece de una difusión adecuada y aquello provoca que las nuevas generaciones abandonen poco a poco sus tradiciones y busquen en otras ciudades y provincias nuevas fuentes de ingresos económicos.
Escaso incentivo y difusión
"Ahora el negocio es algo bueno porque la temporada alta es en los meses de julio y agosto en que viaja más gente, pero después baja todo de nuevo", asegura Patricio Anancoya, uno de los artesanos que prefirió hablar a nombre de sus compañeros.
No oculta su desazón cuando se refiere a las escuálidas ganancias que logran. "En una buena semana obtenemos 20 dólares, pero si la semana es mala no obtenemos nada, pasan días que pasamos exhibiendo al viento", indica.
Y cuando esto ocurre los varones de la comunidad, especialmente los jóvenes, emigran a Ambato o ciudades cercanas para trabajar como jornaleros o en la agricultura.
La escasa difusión nacional acerca de los Salasacas y lo que pueden ofrecer es evidente, pese a que la parroquia se encuentra en medio de Ambato y Baños, semanalmente son pocos carros con turistas -más por curiosidad que por previa información- que se detienen a observar y tal vez adquirir alguna prenda o artesanía.
Mientras Patricio Anancoya recorre los puestos de venta insiste en que necesitan un mayor promoción de las autoridades. "Todavía no estamos registrados en algún inventario turístico o en internet. Sólo los que se van a Baños pasan por aquí un rato".
A esto, agrega, se suma el efecto que les produjo la dolarización que derivó en la desmesurada elevación de costos y abarató los precios de los productos.
Lejos de desanimarse, Anancoya toma un fuerte aliento y asegura que aunque pocos, todavía existen Salasacas que harán lo que esté a su alcance para que esta tradición de pueblo artesano no desparezca.
Un ejemplo de aquello, manifiesta, son las mujeres que donde quiera que estén siempre se las verá hilando y a los hombres en los talleres confeccionando los tejidos.
Proceso de elaboración
Con la llegada hace algunas década, de los telares no sólo elaboran ponchos, baetas y bufandas de lana. También confeccionan sacos, bolsos, mochilas, tapices, cintos, entre otras artesanías a base de la lana del borrego
Esta actividad que se remonta desde tiempos precoloniales se inicia con la necesidad de los salasacas de buscar vestimentas con materiales que sean más adecuados para mitigar el frío.
Para confeccionar un poncho, primero se hila a mano, luego se pone a secar la lana y después se la tintura con varios colores. De allí los hilos con diferentes colores pasan al telar para formar la gran tela, de donde se cortará en partes y finalmente se confeccionará la prenda deseada.
En un tapiz grande el artesano salasaca se puede demorar un día entero o dos; para determinados acabados usan la máquina de coser y crochets.
ENTRESACADOS
Productivos
* La tintura para los tejidos se obtiene de ciertas plantas que crecen en los páramos.
* De la llamada cochinilla extraen el color rojo, del culquis, obtienen el verde, y del pumamaqui y quillosisa se logra el color amarillo.
* Para quienes quieren alguna prenda o tejido más barato, pueden adquirir las que han sido tinturadas con anilina.
* El salasaca se caracteriza por su indumentaria blanca (camisas, pantalón y sombrero), poncho negro y faja bordada a mano.
* En la mujer la vestimenta está compuesta por una blusa de algodón bordada a mano, faja, anaco negro y sandalias tejidas.
Un pueblo con raíces incas
Las raíces de los salascs se remontan a los tiempos del incario. Durante el periodo de Desarrollo Regional entre los años 1500 AC a 1500 DC, la gran confederación Puruhá resistió de manera frontal la invasión y conquista inca.
Para aplacar el carácter guerrero del pueblo puruhá, los incas trajeron desde los altiplanos del Alto Perú (hoy Bolivia), un grupo de aborígenes mitimaes, que eran muy leales a sus gobernantes.
Este pueblo mitimae son los llamados salasacas que hasta los actuales tiempos se mantienen con su propia idiosincracia, costumbres, características, tradiciones y lengua. Su identidad autóctona se mantiene vigente con su singular manifestación étnica.



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