EL MUSEO SALASAKA
No todos saben dónde está el Museo de la Cultura del
Pueblo Salasaca, pero no es complicado llegar allí. Se encuentra en la zona más
turística y comercial de la parroquia del mismo nombre, a un costado de la
carretera Ambato-Baños, en Tungurahua. Esta vía asfaltada, de 4 carriles, que
se convirtió en la columna vertebral de la economía local de los 12.000
habitantes, es el paso obligado para decenas de turistas extranjeros y
nacionales que se dirigen hacia Baños de Agua Santa y la Amazonía. La mayoría
son indígenas que viven en 18 comunidades. El edificio del museo es
relativamente nuevo y su arquitectura moderna. Aunque no es muy ancho, tiene 4
pisos y está ubicado frente a la antigua plaza artesanal. Un grupo de
eruditos salasacas se pusieron de acuerdo en el 2000 para poner en marcha este
proyecto cultural que fue inaugurado hace poco más de un año. Ahora su
principal escollo es la falta de difusión nacional. Por ahora cuenta solo con
una página web (www.museosalasaka.com) y material impreso como trípticos.
“El objetivo es recrear el estilo de vida de esta etnia con sus
costumbres, fiestas, creencias religiosas y manufacturas artesanales, como los
tapices y bayetas que se hacen en los telares. Este aspecto integra a la
familia en torno a una actividad económica que inyecta recursos económicos a
nuestra parroquia”, explicó Danilo Masaquiza, investigador local que se dedica
a impulsar la danza, música y la orfebrería ancestral, cuyas técnicas se
conservan por más de 5 siglos. Quizá lo más impactante de este museo son las
casi 50 figuras en tamaño natural con las que se perennizan, por ejemplo, las
bodas, los rituales, las fiestas y las actividades del diario vivir de este
grupo étnico. Fueron elaboradas con una mezcla de arcilla, sigse, paja y huesos
de animales molidos. El resultado fue unas esculturas de impresionante realismo
complementadas con cabello natural y los rasgos característicos de los
indígenas de la zona. “En cada piso, se representó una escena de la
cotidianidad de este pueblo. Me impresionó la confección de las chozas,
detalles de las paredes y puertas y en el último piso la representación de la
fusión mitológica de los rituales autóctonos con los de los incas”, dijo Mercy
Muñoz, turista quiteña. Pura historia En la primera planta se exhibe la fiesta
de Los Caporales. En la segunda hay un taller típico de textilería. Incluso, se
muestra la escena de un matrimonio o tinguirina y de la familia (ayllu). En la
tercera planta se resalta la fiesta de la cosecha o ‘Pawkar Raymi’ con los
músicos y sus instrumentos y los sabios ‘amautas’ y ‘mamacunas’ que cautivaron
la reverencia del pueblo en los tiempos de los incas. Y en el último está una
figura gigante que representa al ‘jatun jambik’, (sabio) que conoce el uso
medicinal de las plantas y que ofrece su ritual a los dioses. UNA RUTA PARA EL
CONOCIMIENTO MILENARIO ÉTNICO El museo es parte de un recorrido turístico y
cultural denominado ‘Ruta del Conocimiento Milenario de la Cultura Salasaca’.
Es un emprendimiento local que intenta mostrar y difundir la esencia de esta
etnia e involucra una visita guiada cuya duración es de 45 minutos (en idiomas
español, inglés, quichua y francés), además, la llegada al lugar sagrado de los
Yachak, la caminata ecológica a través del Zigzig Walco (45 minutos), un paseo
por el Centro de Diversidad Cultural y finalmente un recorrido por Cruz Pamba,
a 45 minutos del centro del pueblo. Durante esta travesía se puede apreciar la
riqueza agrícola de esta parroquia del cantón Pelileo. “Los turistas se quedan
maravillados cuando ven los extensos sembríos de cebada y trigo que se dan en
la zona. Pese a que el clima es variable, los 12 grados, casi frecuentes en la
zona, permiten que frutas como la tuna, el membrillo o el capulí crezcan sin
problemas y casi todo el año”, manifestó Vicente Caicedo, morador del lugar.
Estos productos son comercializados todos los días en la plazoleta cívica
denominada Llikakama y en las paradas de los buses que circulan por las
cercanías del poblado. También hay varios centros de sanación ancestral donde
sabios indígenas realizan rituales con brebajes y yerbas para turistas
nacionales y extranjeros.

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